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La pr谩ctica del perd贸n

La Pr谩ctica del Perd贸n seg煤n el Budismo

Hablamos del Perdón

Sin perdón estamos encadenados al pasado. Individualmente permanecemos atrapados en el sufrimiento y el dolor de nuestra historia. Colectivamente, la humanidad necesita aprender cómo perdonar, poner fin a los ciclos de retribución y violencia, y empezar de nuevo, ya sea entre los católicos y protestantes, los palestinos e israelíes, y otras tantas adversidades.

La tradición budista ofrece enseñanzas y prácticas específicas para el desarrollo del perdón. Al igual que la práctica de la compasión, no ignora la verdad de nuestro sufrimiento. Esta virtud, no es débil. Exige valor e integridad. Sin embargo, sólo el perdón y el amor pueden traer consigo la paz que anhelamos.

—.” El odio nunca cesa por el odio, sino que sólo por el amor se cura. Esta es la ley antigua y eterna ” .—

Buddha

Cuando lo practicamos individualmente, comenzamos reconociendo que todos hemos traicionado y lastimado a los demás, tal como nos han hecho daño a sabiendas o sin saberlo. Es inevitable en este reino humano. A veces nuestras traiciones son pequeñas, a veces terribles. Entender y recibir el perdón es esencial para la redención de nuestro pasado. Perdonar no significa que apruebemos las fechorías de otro. Podemos dedicarnos a asegurarnos de que no vuelvan a suceder. Pero sin perdón el mundo nunca puede ser liberado de las penas del pasado. Alguien bromeó: “El perdón significa renunciar a toda esperanza de un pasado mejor”. El perdón es una forma de seguir adelante, es el entendentimiento de toda situación.

En la psicología budista, el perdón se entiende como una manera de acabar con el sufrimiento, de traer dignidad y armonía a nuestra vida. Es fundamentalmente por nuestro propio bien, por nuestra propia salud mental. Es una manera de dejar de lado el dolor que llevamos. Esto se ilustra con la historia de dos ex prisioneros de guerra que se encuentran después de muchos años. Cuando el primero pregunta: “¿Ya has perdonado a tus captores?”, el segundo hombre responde: “No, nunca”. “Bueno, entonces”, responde el primer hombre, “todavía te tienen en prisión.”

Todavía podemos estar sufriendo terriblemente del pasado mientras los que nos traicionaron están de vacaciones. Es doloroso odiar. Sin el perdón seguimos perpetuando la ilusión de que el odio puede sanar nuestro dolor y el dolor de los demás. En cambio al perdonar, dejamos ir y encontramos alivio en nuestro corazón.

El perdón ve sabiamente. Reconoce voluntariamente lo que es injusto, dañino y erróneo. Reconoce con valentía los sufrimientos del pasado y comprende las condiciones que los provocaron. Hay una fuerza para aplicarlo. Cuando perdonamos también podemos decir: “Nunca más permitiré que estas cosas sucedan”. Podemos decidir nunca más permitir que tal daño llegue a nosotros mismos o a otro. Y al mismo tiempo también podemos resolver liberar el pasado y no llevar amargura y odio en nuestro corazón.

Encontrar una manera de entender el perdón en nosotros mismos es una de nuestras tareas más esenciales. Así como otros han sido atrapados en el sufrimiento, nosotros también. Si miramos honestamente nuestra vida, podemos ver las penas y el dolor que han llevado a nuestra propia malinterpretación. En esto finalmente podemos entendernos a nosotros mismos; podemos sostener el dolor que hemos causado en la compasión. Sin tanta misericordia, viviremos nuestra propia vida en el exilio.

Para la mayoría de las personas, el trabajo del perdón es un proceso tierno. Practicando el perdón, podemos pasar por etapas de dolor, rabia, tristeza, miedo y confusión. Al dejarnos sentir el dolor que aún tenemos, el perdón viene como un alivio, una liberación para nuestro corazón al final. El perdón reconoce que no importa cuánto hayamos sufrido, no sacaremos a otro ser humano de nuestro corazón.

Te dejamos un bonito documental francés sobre La Vida de Buddha.