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Mindfulness, SIN OBJETO DE MEDITACIÓN

Meditación sin Objeto

La Meditación Sin Objeto

Mindfulness también puede llevarse a cabo sin un objeto de meditación, en un estado de contemplación pura o ‘consciencia sin elección’. Después de calmar la mente con un método como Meditación Vipassana descrita anteriormente (puedes leerla aquí), conscientemente dejas de lado el objeto de meditación.

Observa el flujo de las imágenes mentales y sensaciones tal como se presentan, sin entrar en la crítica o el deseo. Observa cualquier aversión o atracción; contempla cualquier incertidumbre, felicidad, inquietud o tranquilidad que surja. Puedes regresar al objeto de meditación (como la respiración) cada vez que el sentido de claridad disminuya, o si comienzas a sentirte abrumado por las impresiones de la mente.

Cuando la sensación de estabilidad regrese puedes aplicar nuevamente la meditación sin objeto . Esta práctica de ‘atención plena’/ ‘Mindfulness’ es muy adecuada para contemplar el proceso de la mente. Junto con la observación de los ‘ingredientes’ particulares de la mente, podemos dirigir nuestra atención a la naturaleza de los estados de ánimo.

Tres Marcas Fundamentales

Las tres marcas de la existencia, o las tres características de la existencia , son tres características que comparten todos los fenómenos condicionados en las enseñanzas budistas . Estas son cualidades que debemos observar y comprender en la práctica de la meditación. De hecho, el propósito de la práctica de la atención plena/mindfulness puede entenderse como el cultivo de la capacidad de ver la presencia de estas marcas.

En cuanto a los contenidos de la mente, la enseñanza budista apunta principalmente a tres características simples y fundamentales.

En primer lugar, existe la impermanencia (aniccā) – el comienzo y final incesantes por las que pasan todas las cosas, el movimiento constante del contenido de la mente. Este material mental puede ser agradable o desagradable, pero nunca está en reposo.

Existe también una sensación persistente, a menudo sutil, de insatisfacción o sufrimiento (dukkha). Las sensaciones desagradables evocan fácilmente este sentido, pero incluso una experiencia encantadora crea un vacío en el corazón cuando termina.

Así, en los mejores momentos existe una cualidad inconclusa en la experiencia mental, una sensación un tanto insatisfecha. Cuando el constante surgir y cesar de experiencias y estados de ánimo se vuelve familiar, también queda claro que – ya que no hay permanencia en ellos – en realidad ninguno de ellos te pertenece. Y, cuando esta materia mental está silenciosa – revelando una radiante amplitud mental – no se encuentran características puramente personales.

Esto puede ser difícil de comprender pero en realidad no hay el ‘mí’ ni ‘mío’ – que caracteriza el ‘no-yo’ o la ‘no-persona’ (anatta). Investiga a fondo y nota cómo estas cualidades corresponden a todas las cosas, físicas y mentales. No importa si tus experiencias son alegres o apenas tolerables, esta contemplación dará lugar a una perspectiva serena y equilibrada en tu vida.

CONTEMPLANDO TU PRÁCTICA

Los ejercicios de meditación sin objeto sirven para establecer la consciencia de las cosas tal como son. Dirigiendo la atención plenamente a las experiencias te darás cuenta más claramente del estado de la mente en sí.

Por ejemplo, si estás siendo perezoso o muy ansioso con la práctica. Con un poco de evaluación honesta, se hace evidente que la calidad de la práctica de meditación depende no tanto de la técnica que se utiliza como de la intención que estás poniendo en ésta.

Reflexionando de esta manera, ganarás conocimiento más profundo de tu personalidad y hábitos. Hay algunos puntos útiles a tener en cuenta cuando se medita. Considera si estás comenzando de nuevo en cada momento – o mejor aún, en cada respiración o en cada paso. Si no practicas con una mente abierta puede que te encuentres tratando de recrear una idea pasada, o no queriendo aprender de tus
errores.

¿Existe un equilibrio adecuado mediante el cual estás haciendo todo lo que puedas sin excesos? ¿Estás al tanto de lo que realmente está sucediendo en tu mente, o estás usando una técnica de una manera apagada y mecánica?

En cuanto a la concentración, es bueno comprobar si estás poniendo a un lado las preocupaciones que no son inmediatas, o si estás divagando en pensamientos y estados de ánimo. ¿O estás tratando de reprimir sentimientos sin reconocerlos y responder sabiamente? La concentración adecuada es aquello que unifica el corazón y la atención. Reflexionando de esta manera incentiva a desarrollar un enfoque más hábil. Y por supuesto, la reflexión te mostrará mucho más que cómo meditar: te dará la claridad para entenderte a ti mismo.

Recuerda, hasta que hayas desarrollado cierta capacidad y te encuentres cómodo con la meditación, es mejor utilizar un objeto de meditación -la respiración o la percepción del cuerpo- como un enfoque para la atención y como un antídoto para la naturaleza abrumadora de las distracciones de la mente.

Aún así, cualquiera que sea la extensión de tu experiencia con la práctica, es siempre útil volver a la plena conciencia de la respiración o del cuerpo. Desarrollando esta capacidad de empezar de nuevo conduce a la ecuanimidad y a la calma. Con una práctica ecuánime te das cuenta cada vez más de cómo son el cuerpo y la mente, y cómo vivir con mayor libertad y armonía. Este es el propósito y el fruto de la meditación. Te dejo aquí un timer para que empieces.

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